En estos días, mi hermana con su familia se está cambiando de casa dentro del mismo barrio, mi primo volvió a su ciudad de origen después de ocho años expatriado en Europa, y una amiga se fue de la casa de sus padres para vivir sola. Existen cientos de razones para hacer una mudanza; algunas nos dan más ilusión que otras, pero hay algo que todas tienen en común: son estresantes y muy cansadoras.

Probablemente ustedes ya conocen este dato: quienes se dedican a investigar las causas del estrés, ubican a las mudanzas entre las situaciones más estresantes de la vida, en tercer lugar después del fallecimiento de un ser querido y un despido laboral. ¿Por qué? Porque nos dejan agotados físicamente y emocionalmente.

Sí, emocionalmente también. Seguramente todos somos capaces de prever el tiempo, dinero y desgaste físico que una mudanza nos va a implicar, pero no estamos preparados para este otro aspecto. En todas las mudanzas, todas, incluso cuando se hacen por motivos felices, hay sentimientos encontrados. Como en cualquier cambio importante, experimentamos ansiedad con respecto a lo que dejamos atrás y a lo que está por venir. Toda nuestra vida está metida en cajas, y nos sentimos ¡desencajados! Este post pretende ser una ayuda para que transitemos el proceso con más calma.

El primer consejo entonces es tomar consciencia de que toda mudanza es un duelo, y es normal que aparezcan inseguridades y temores. Al abandonar lo conocido, salimos de nuestra zona de seguridad y surge el vértigo ante la idea de que la nueva casa no cumpla con nuestras expectativas. Pensar en esto no es para asustarnos o echarnos atrás; por el contrario, se trata de estar preparados, ya que si estos sentimientos nos tomaran por sorpresa en medio del cansancio y del desorden, es posible que reaccionemos mal. Siempre nos aliviará conversarlo con alguien cercano, especialmente con nuestra pareja si estamos haciendo esto juntos.

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No sabes lo que tienes… hasta que lo pierdes, dicen algunos, pero la verdad es que no sabes lo que tienes hasta que te toca hacer una mudanza. Cualquiera que se haya cambiado de casa puede dar fe de que se encuentran cosas que uno no recordaba que tenía. Nos topamos aquí con el primer gran obstáculo: nuestra manía por la acumulación, que entorpece y encarece el proceso.  Previamente a la mudanza hay que tener bien ordenada la casa “vieja”, para descartar todo lo que no vale la pena llevarse. La clave, lo que realmente va a hacer el proceso más fácil, es poseer únicamente lo necesario (de este tema hemos hablado en dos posts anteriores: Hacer lugar para lo nuevo y Cada cosa en su lugar).

El embalaje y desembalaje es un arte en sí mismo. Es fundamental hacerlo por ambientes: cajas para las cosas que van en la cocina, para las del dormitorio, para las del escritorio. No olvides preparar una -que podemos llamar “caja cero”- con las primeras cosas que necesitarás en el nuevo domicilio: tijeras para abrir el resto de los embalajes, trapo, guantes de goma, papel higiénico, toalla y jabón, ampolletas, fósforos. Todos los paquetes tienen que ir claramente rotulados con un número, su contenido y el ambiente de destino (cocina, dormitorio principal, etc.), de modo a que quienes te ayuden en la mudanza sepan dónde dejarlas. También debes conocer el número total de cajas, para controlar que no falte ninguna.

Si tus cajas van a pasar un tiempo en manos de desconocidos, quizás conviene no ser muy explícito en la descripción de lo que hay en cada una. En caso de que alguien quisiera llevarse lo que es tuyo (conozco un caso cercano), le estarías facilitando saber exactamente dónde se encuentran los objetos de valor. Por eso la alternativa es hacer una planilla donde anotes para ti mismo el contenido de cada paquete según su número. Así:

Caja                    Ambiente                Contenido

1                          Living                       Cuadro, espejo

2                          Living                       Adornos, floreros, maceta azul

3                          Living                       Loza, tetera

Al momento de instalarnos en el nuevo hogar, comenzamos con lo que es más crítico para la vida familiar: la ropa de cama, los dormitorios de los niños, la cocina, y la ropa para el trabajo y colegios. Lo demás puede esperar. En este punto es necesario moderar las expectativas: debemos saber y aceptar que habrá unos cuantos días en no hallaremos lo que necesitamos, que no tendremos toda nuestra ropa disponible, o dormiremos sin cortinas, o cenaremos más pizza que de costumbre. No hay problema, la normalidad va a volver. Durante la etapa de caos, seamos amables con nosotros mismos: podemos permitirnos hacer pequeños recreos, tengamos un rincón de descanso donde poder sentarnos a leer o tomar una taza de café, recuperar el eje y recargar energías.

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Para todos los que estén por enfrentar una mudanza: ¡ánimo! El cambio es crecimiento y es oportunidad. Una mudanza puede ser la motivación para modificar nuestro estilo de vida, salir de la rutina, empezar de nuevo y atrevernos a ser diferentes. Si no lo hemos hecho hasta ahora, esta es la ocasión de deshacernos de lo que ya no sirve -tanto lo material como lo inmaterial-, alivianar la carga, abandonar hábitos indeseables y cambiarnos a nosotros mismos.

Links recomendados:
1.-  Consejos prácticos de Mechi, una experimentada, con 30 mudanzas en su haber
2.-  Acerca del estrés en las mudanzas

“Soy Licenciada en Educación, blogger, apasionada por la fotografía, la ilustración y el arte en general. Me emocionan las cosas simples de la vida y busco transmitir esa mirada”

www.cantandovictoria.blogspot.com